domingo, 18 de abril de 2010

Yang Na y su preciosa ilusión en el espejo

Beautiful illusion in the mirror
De: Yang Na


Mujeres con cabezas gigantes, narices pequeñas, labios profundamente  rojos y definidos, pestañas largas, glamurosas, enarcadas, uñas pintadas, sombras de todos colores y del no-color. Así se ve el "segundo sexo" a través de los ojos de la china Yang Na. Sus pinturas han sido catalogadas dentro de la corriente del neo-pop art, movimiento artístico  fraguado en la década de los 80, obvio heredero del pop art de los 60. Tal corriente mantiene de su antecesor por supuesto el gusto por lo cotidiano, la feroz crítica a la sociedad del consumo y con igual ímpetu la denuncia de los vicios y defectos de la cultura popular.

Si Warhol pintó a Marilyn Monroe, al Che y a Mickey Mouse -por citar sólo algunos-, Na decanta sus pinceles hacia más amplias generalidades, toma la figura de muñecas de porcelana y las convierte en un espejo de la mujer contemporánea. Resulta sencillo equiparar las figuras femeninas plasmadas por la pintora china con dichas muñecas pues la joven de 27 años lo consigue mediante el brillo en cada color, la perfección en la forma y en la idea.

Seleccioné la pintura "Preciosa ilusión en el espejo" porque me parece de entre todas la que con mayor sencillez condensa el contenido de la obra pictórica de Yang Na. Encontramos en este óleo una mezcla abrumadora entre la ternura y el dolor. En primer plano se nos presenta la mujer enmascarada, la ilusión de belleza, ilusión porque se trata de una belleza comprada, impuesta, falsa. La mujer se esconde tras una máscara de maquillaje que la hace sentir hermosa, que la dota de feminidad, peor aún, que construye su identidad. Sin embargo al contemplarse por vez primera en el espejo los ojos de esta mujer universal brillan, se engrandecen, pero si miramos un poco más atrás, al siguiente plano, en la segunda mirada de la mujer, los ojos cambian su expresión, se trata de un mínimo giro en el trazo, pero este pequeño giro denota la tristeza ante la falsedad, y permite que se eleven cual plegarias las lágrimas de la muñeca. Al fondo, tras el espejo nuestros ojos chocan con la mujer real, pálida, de labios sin brillo, de pestañas sin grosor. Una mujer de mirada triste que exhala el humo de sus entrañas, bien diespuesta ya, con el labial en mano a pretender.

Llaman la atención en la obra de Na, figuras de animales insertadas de manera casi natural en las situaciones femeninas. En este caso la figura es un cerdo, un animal que se oculta entre la imagen y lo real atento a la muñeca. Es posible interpretar esta presencia atendiendo al simbolismo del animal: fecundidad y lujuria. El ser femenino, constantemente reprimido y reprendido -sí, aún hoy- carga dentro de sí el deseo de una realidad alternativa, y este deseo, la observa curioso, ansioso de emanar de ella.

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